Conferencia “Introducción al Jardín Japonés”, dentro de las jornadas de otoño de la Asociación Cultural “Hi no Hikari”
por jvallejo ~ Noviembre 4th, 2009. Categoría: Noticias.
Dentro de las jornadas de otoño de la Asociación Cultural “Hi no Hikari”, celebradas en la Urbanización Reserva del Higuerón, tuvimos la suerte de poder participar, tanto impartiendo una conferencia, como con la preparación de un Tsubo-Niwa (Un pequeño jardín), construido según medidas tradicionales 1 ken (1,8181 m. aprox.) x 3 shaku (0,9090 m. aprox.

La realización de un jardín japonés es una búsqueda del equilibrio entre dos tipos de belleza, una belleza volumétrica, escultural que es la manifestación de la belleza en tres dimensiones – RITAI BI – cuyo mayor exponente es la piedra, mientras que el agua es la manifestación de una belleza plana, de dos dimensiones – FUKAN BI – (literalmente, belleza a vista de pájaro).

El armonioso juego entre los planos (el suelo, gravas) y los volúmenes (las rocas) nos hacen experimentar una sensación cercana a nuestra idea de experiencia artística, algo que se siente de manera mucho más intensa en el Karesansui (jardín seco).

Comprender el jardín japonés es aprender a disfrutar de las mil sorpresas que nos depara al caminar por sus senderos o al contemplar o meditar frente a una disposición especial que hizo, quizás hace varios siglos, un artista que no solo buscaba nuestro placer estético, sino también su propia realización, avanzando por el camino de su realización personal.
En un pequeño espacio hemos intentado crear un microcosmos, de fuerte componente impresionista, como corresponde a un Karesansui, que permitiese a los asistentes a las jornadas el completar en su mente la obra presentada, y así, dejando volar su imaginación ver desde una representación física de un conjunto de piedras, colocadas de forma más o menos agraciada, o como representación de la propia asociación (o de nuestra escuela) que es la pequeña piedra central a modo de barco que surca impávido contra terribles olas, siendo portador de una nueva forma de ver una lejana cultura, que desde Japón se dirige a Occidente y, porqué no, como representación de la vida, que tras atravesar mares más o menos violentos (representados por gravas de gran tamaño) se dirige con tesón hacia el monte Shumisen (“Sumeru” en sánscrito) donde alcanzar por fin la paz para toda la eternidad.

